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                            Biblioteca de Mirasala
Las Heras - Santa Cruz
Argentina
Lección 1
Lección 2
Lección 3
                        
Document Text Contents
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del altar a quien yo pudiera preguntar. Entonces subí hacia el altar para ver el espectáculo. Y
ví un hombrecillo, encanecido por los años, que me dijo:

«Qué estás mirando?»

Le respondí que estaba maravillado por el hervir de las aguas y de los hombres,
abrasándose pero siguiendo vivos.

Y él me contestó diciendo:

«Este es el lugar del ejercicio denominado conservación (embalsamiento), pues los hombres
que desean alcanzar la virtud acuden aquí y se convierten en espíritus, volando del cuerpo».

Entonces le dije:

«¿Eres tú un espíritu?»,

y me contesto diciendo:

«Un espíritu y un guardián de espíritus».

Y mientras decía estas cosas y mientras aumentaba la ebullición y la gente gemía, ví
a un hombre de cobre que llevaba en la mano una tablilla de plomo, y habló en alta voz,
mirando a la tablilla:

«Ordeno a los que sufren el martirio que se aquieten y que cada uno tome en sus manos una
tablilla de plomo de escribir y escriba con sus propias manos. Les mando que mantengan las caras
levantadas y las bocas abiertas».

Lo hicieron así en el acto y el hombre a quien había preguntado me dijo:

«Ya has visto. Has alzado la cabeza y has contemplado lo que ha pasado».

Y yo dije que así había sido y pensé en mi interior:

«Este hombre de cobre que has visto es el sacerdote sacrificador, el que se desprendió de su
propia carne. Y le ha sido concedida autoridad sobre esta agua y sobre estos hombres».

Y habiendo tenido esta visión, me volví a despertar y me dije a mí mismo:

«Cuál es el significado de esta visión? ¿No es por ventura el agua blanca y amarilla,
hirviente y divina?»

Y hallé que lo entendía bien. Y dije que era claro de decir y escuchar, y bueno para
dar y para recibir, y bueno para ser pobre y para ser rico. Pues, ¿cómo enseña la naturaleza
a dar y a recibir?

El hombre de cobre da y la húmeda piedra recibe, el metal da y las plantas reciben,
el cielo da y la tiera recibe, los rayos dan el fuego que de ellos se despide, pues todas las
cosas se entretejen y separan de nuevo y todas las cosas se mezclan y se combinan, se
humedecen y se secan, florecen y dan capullos en el altar en forma de caldero.

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pero él no me contestó nada sino que se puso a caminar rápidamente para seguir la
ruta verdadera llegando así velozmente al altar. Mientras yo subí a éste vi que el hombre
blanco era arrojado al lugar e sacrificio.

¡Oh, dioses inmortales! Inmediatamente le rodearon las llamas ¡Qué terrible suceso,
hermano mío! Debido a la pavorosa intensidad del fuego los ojos se le llenaron de sangre.

Entonces le pregunté:

«¿Por qué yaces en este espantoso sitio?»

el hombre abrió la boca y me dijo:

«Yo soy el hombre de plomo y estoy padeciendo una violencia insufrible».

Con esto, desperté lleno de sobresalto y medité sobre el motivo de aquel sueño.
Después de reflexionar me dije:

«Comprendo claramente que, de este modo, hay que desprenderse del plomo y que la visión
se refiere a la combinación de los líquidos».

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