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TitlePaul Ekman - Estudio Expresiones Faciales de La Emocion
TagsFacial Expression Self-Improvement Emotions Ethology Psychology & Cognitive Science
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Page 1

Expresiones faciales
de la emoción

Paul Ekman
Harrieh Oster
FUENTE: Annual Review of Psychology, 30, 527-554, 1979.

Indice
Introducción
Los estudios transculturales y el problema de la universalidad

— Datos observados
— Cuestiones sin formular, o sin resolver

Estudios evolutivos
— Datos observados
— Cuestiones sin formular, o sin resolver

Medición facial
— Medición del tono muscular
— Medición de la acción visible

• Selección con base teórica
• Selección con base inductiva
• Selección con base anatómica

— Otras medidas faciales

Exactitud
— Datos observados
— Cuestiones sin formular, o sin resolver

Retroalimentación facial
Control neural y correlatos autónomos de la expresión facial

— Correlatos psicofisiológicos
— La cara y el cerebro

Direcciones futuras

Estudios de Psicología n.• 7- 1981)

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Estudios 117
INTRODUCCION

La investigación sobre la expresión facial de la emoción ha sido
episódica. El tema floreció entre 1920-1940, atrayendo la atención
de renombrados psicólogos: por ejemplo, Allport, Boring, Goode-
nough, Guilford, Hunt, Klineberg, Landis, Munn, Titchener, Wood-
worth. Sin embargo, los resultados obtenidos no fueron definitivos.
En opinión de los autores que han revisado el tema (15, 76, 127),
no hubo respuestas consistentes a las cuestiones fundamentales
planteadas sobre la exactitud de la información proporcionada por
la expresión facial, su universalidad y posible innatismo, etc. Du-
rante los veinte años siguientes, el tema fue poco estudiado, excep-
tuando los hallazgos de Schlosberg de que los juicios de la emoción
en categorías pueden ordenarse según dimensiones básicas. Algunos
estudios recientes han contribuido a reavivar el interés por la ex-
presión facial.

Tomkins (128, 129) propuso una teoría racional para el estu-
dio de la cara como medio para conocer la personalidad y la emo-
ción. También mostró (130) que los observadores podían alcanzar
un alto grado de acuerdo al juzgar emociones si las expresiones
faciales se seleccionaban cuidadosamente para exhibir lo que él
creía que son afectos faciales innatos. Tomkins influyó notable-
mente en Ekman e Izard, ayudándoles a proyectar sus primeros
estudios transculturales sobre la expresión facial. La evidencia de
la universalidad de la expresión facial volvió a despertar el interés
del tema en la Psicología y Antropología.

La certeza de la existencia de universales en la expresión facial
no sólo está de acuerdo con la teoría de Tomkins, sino también
con el interés surgido recientemente en la aplicación de los con-
ceptos y métodos etológicos al estudio de la conducta humana.
La etología humana, interesada en las bases biológicas de la con-
ducta, recibió con agrado la evidencia de constantes en la conducta
social en diferentes culturas. Los etólogos humanos proporcionaron
los primeros «catálogos» detallados que describen la conducta facial
en situaciones naturales. Actualmente los psicólogos evolutivos que
investigan la vinculación, la interacción madre-hijo y el desarrollo
de las emociones han empezado a estudiar la expresión facial.

El interés por la expresión facial refleja también la popularidad
que en estos momentos tiene la comunicación no verbal. Aunque
la mayoría de las investigaciones realizadas en este campo se han
centrado en el Movimiento de manos y cuerpo, dirección de la mi-
rada o postura, varios estudios han incluido algunas medidas facia-
les o han utilizado un enfoque basado en juicios para evaluar la cara.

Algunos trabajos recientes han revisado la bibliografía sobre
expresión facial hasta 1970. Ekman, Friesen y Ellsworth (52)
volvieron a analizar muchos de los experimentos realizados entre
1914 y 1970. Encontraron —contrariamente a la afirmación de
Bruner y Tagiuri (15)— que los datos proporcionaban respuestas
consistentes y positivas a las principales cuestiones planteadas sobre
la terminología utilizada para la descripción de la expresión facial,
la influencia del contexto en los juicios sobre la expresión facial,
la precisión de los juicios y las semejanzas transculturales. Para

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Estudios 129
Sin embargo, todos ellos tienen fallos metodológicos importantes si
los consideramos como sistemas de medición de carácter general.

Todos son incompletos y no explican lo que se ha deshechado ni
por qué. Todos incluyen —sin mencionarlo— lo mismo acciones
musculares sencillas que movimientos complejos que abarcan varias
acciones independientes. Algunas veces se ha dado a las unidades
conductuales nombres cargados de interpretación (por ejemplo, «ceño
de ira»), lo que hace difícil el estudio objetivo del significado de la
acción. Muchas unidades están descritas de forma vaga, con lo que
otros investigadores no pueden saber si están codificando los mismos
movimientos. Las descripciones de algunas acciones son anatómica-
mente incorrectas. Finalmente, las diferencias fisiognómicas, indivi-
duales, raciales o debidas a la edad pueden dificultar la identifica-
ción de ciertas acciones descritas en términos de configuraciones
estáticas (por ejemplo, «boca alargada»).

— Selección con base anatómica. Puesto que cada movimiento
facial es el resultado de acciones musculares, un sistema para la des-
cripción de la expresión facial puede tener mayor alcance si las
unidades de medida se basan en el conocimiento anatómico de las
acciones musculares que cambian la expresión. Cualquier movimiento
facial complejo puede puntuarse analíticamente según las acciones
musculares mínimas que, conjuntamente, lo producen. Esta lógica
ha sido adoptada por tres investigadores.

Seaford (116) proporcionó una excelente y detallada crítica de
los riesgos de los sistemas inductivos o derivados de teorías. Su
descripción de la variación regional de la expresión facial demostró
la utilidad de la aproximación anatómica. Ermiane y Gregerian (57)
han desarrollado un sistema de medición facial de carácter general
y base anatómica. Sin embargo, no proporcionan información sobre
la fiabilidad ni mencionan si el sistema lo puede aprender un inves-
tigador por su cuenta. El Sistema de Codificación de las Acciones
Faciales [Facial Action Coding System (FACS)] de Ekman y Friesen
(50, 51) fue ideado como un sistema de carácter general para medir
toda conducta facial visible en cualquier contexto, sin limitarse a las
acciones relacionadas con la emoción. La lista de unidades mínimas
se solapa considerablemente con la de Ermiane y Gregerian. Sin em-
bargo, el FACS especifica las unidades mínimas no sólo según las
posibles acciones anatómicas sino también según los movimientos
que pueden distinguirse con facilidad. Las personas que aprenden
el sistema sin la enseñanza personal de los autores han alcanzado
una fiabilidad elevada.

El FACS es lento de aprender y utilizar, ya que requiere la vi-
sión repetida y a cámara lenta de las acciones faciales, no siendo
adecuado, por tanto, para un proceso de codificación rápido. Por
su naturaleza, el FACS incluye más distinciones de las que puedan
necesitarse en un estudio concreto, lo que aumenta el esfuerzo y el
tedio de la medición. Sin embargo, al estar definidas empíricamente
las unidades significativas de la conducta, es posible en un estudio
determinado separar algunas de las unidades elementales de medida
a pasar por alto distinciones sutiles. Todavía no hay datos empíricos
para sostener qué acciones y combinaciones faciales, Puntuadas se-
gún el FACS, corresponden a emociones determinadas.

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Otras medidas faciales

Quizás la medida de la actividad facial más popular haya sido
la dirección de la mirada, aunque sorprendentemente sólo en raras
ocasiones se haya relacionado con la emoción o la expresión facial
[excepciones recientes son (85, 86, 123, 125, 136)]. Aunque se ha
estudiado la dilatación pupilar en relación con la emoción, no cono-
cemos ningún estudio de los cambios asociados en la expresión fa-
cial. En flujo sanguíneo, la temperatura de la piel y los cambios de
coloración en la cara son otras medidas que, hasta ahora, permanecen
sin explorar.

EXACTITUD

¿Cómo podemos determinar si es exacta la información propor-
cionada por la expresión facial de una persona? Necesitamos algún
criterio —que sea independiente de la misma cara— para establecer
qué emoción, si es que hay alguna, está ocurriendo en el momento
en que se produce la expresión facial. El mayor obstáculo en la in-
vestigación de la exactitud ha sido el problema de la validación
independiente. Una aproximación corriente ha sido la de preguntar
a los sujetos (generalmente de forma retrospectiva) sus estados emo-
cionales y observar si cambia la expresión facial cuando afirman expe-
rimentar la emoción A en comparación con la B. Estos autoinfor-
mes son propensos al error, ya que los sujetos pueden fracasar al
recordar o distinguir las emociones experimentadas —especialmente
si transcurren varios minutos antes de hacer el informe. Un sujeto
que sienta sucesivamente ira, desagrado y desprecio al contemplar
una película podría no •recordar las tres reacciones, su secuencia
exacta o el momento de su aparición. Este problema se puede evitar
limitando el autoinforme a una distinción más amplia entre emocio-
nes placenteras o displacenteras; pero entonces no podemos deter-
minar si las expresiones faciales proporcionan una información pre-
cisa sobre una emoción determinada, ya sea placentera o displa-
centera.

Una segunda aproximación ha sido buscar si las expresiones• fa-
ciales de los sujetos cambiaban en situaciones diferentes: por ejem-
plo, películas y diapositivas emocionalmente positivas o negativas,
anticipación de una descarga eléctrica o de un ensayo sin descarga,
o comentarios amistosos u hostiles hechos por otra persona. Como
es improbable que todos los sujetos experimenten la misma emoción
ante una situación determinada, lo único que esta aproximación
puede demostrar es que posiblemente las expresiones faciales cam-
bien en situaciones placenteras o displacenteras. Para medir la exac-
titud se ha intentado obtener, previa o posteriormente, otra infor-
mación sobre el sujeto; pero en este caso puede ser que las expre-
siones faciales proporcionen información sobre algunos rasgos perma-
nentes además de los estados transitorios. Si determinados cambios
en el tono o cualidad de la voz, en los movimientos del cuerpo, o
en el lenguaje fueran indicadores infalibles, se podrían utilizar como
criterios de la exactitud. Por desgracia, no hay ninguna prueba de

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Estudios 143
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Estudios de Psicología n.o 7 . 1981

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