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CONSEJOSUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENT^FÍCAS ^¿«^
Patronato «R. Lulio» - In'stituto «Fr. Suárez»

MARIA
MEDIADORAUNIVERSAL

O

SOTERIOLOGÍA MARIANA
ESTUDIADA

A LA LUZ DE LOS PRINCIPIOS MARIOLÓGICOS

POR
y

José M. Bover, S. I.

Jefe de i.a Si'.cción Mahioi.ügica dei. In-si itui o « Fkancisco Suárez i

MADRID 1946

Page 2

Imprimí potesi :

CANDIDüS MAZÓN, S. I.

Praep. Prov. Arag.

-V/7;(7 obstat:

Dr. MAXIMUS YüRRAMENDI, Canon.

Imprimatur :

t LEOPOLDUS, Ep. Matrit. — Complutens.

Tipografía Emporium, S. A. — Ferlandiua, 9 y 11. — Barcelona

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276 MAHÍA, MEDIADORAUNIVERSAL

hecho la promesa: Israel era el destinatario o el beneficiario y el interesado
en la promesa. Al pedir, pues, Dios el consentimiento en orden a su reali-
zación, a Israel locaba dar este consentimiento. Y, sin embargo, Dios lo
pide a María, y sola ella lo da. Para que no exista incongruencia en el
proceder de Dios, la única explicación razonable es que María lo dió en
nombre de todo Israel, o que Israel lo dió en la persona de María. En
otras palabras, el consentimiento no lo debía dar un tercero, sino el mismo
interesado: lo dió María; luego lo dió en representación de todo Israel.

La fuerza de esta razón crece notablemente por otra consideración. Dios
había hecho a Abrahán la promesa en premio de su fe y de su obediencia;

y ahora pide igualmente fe y obediencia, como disposición moral para verla
cumplida y recibirla. Semejante disposición moral la había de tener el

mismo en quien recaía la promesa, es decir, Israel. Dios, de hecho, se con-
tenta con la fe y la obediencia de María, para cumplir la promesa. Luego

para que esta disposición moral alcance de alguna manera a todo Israel, hay

que concluir que todo él estaba representado en María. Era lo menos que

Dios podía exigir; pero eso poco, a lo menos, esto es, esta fe y obediencia

representativa, se hacía necesario.

Además, la promesa, a medida que con los siglos iba precisándose, ter-

minaba o tenía por objeto una Nueva Alianza de Dios con Israel. Este

carácter de Alianza o pacto, que adquiriría el cumplimiento de la promesa,

exigía más imperiosamente todavía el consentimiento de Israel. El consen-
timiento de entrambas partes contrayentes es la esencia misma de los pactos.
Israel, por tanto, debía dar el consentimiento en el momento en que iba
a inaugurarse o asentarse la Nueva Alianza. Pero, de hecho, este consen-
timiento lo dió María. Consiguientemente no lo dió, ni pudo darlo, en

nombre suyo personalmente, sino en persona y representación de todo Israel,

de todo el pueblo de la Alianza.

Es, pues, evidente el carácter representativo del consentimiento virginal.

Mas para que este valor representativo pueda considerarse como principio

activo de una acción moral, es condición indispensable que María tuviera

conciencia de él. ¿Puede probarse que la tuvo?

Creemos que la última estrofa del Magníficat, expansión de su humilde

Corazón, no permite dudar de ella. Termina así su Cántico:

Tomó bajo su amparo a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia,

como lo había prometido a nuestros Padres,

a favor de Abrahán y de su posteridad para siempre.

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LIBRO I. —CORREDENCIÓN 277

Así interpretó María el mensaje del ángel, como cumplimiento de la

promesa. Por otra parte, su discreción y su humildad no le permitían con-

siderarse como la única destinataria de la promesa en el estadio final de su

cumplimiento: ella no era, en su concepto, sino la «Esclava del Señor».

Entendió, pues, María que, al dirigirse a ella, el ángel hablaba en realidad

a todo Israel; que ella, por tanto, en nombre de Israel había de responder

V dar su consentimiento, representativo de la aceptación de toda la poste-

ridad de Abrahán. Y así se explican aquellos dos misteriosos dativos «fiat
mihi» y «fecit mihh), de otra manera inexplicables, como en otro lugar he-

mos notado. En el cumplimiento de la promesa todo se hace «a favor de

Israel»; si al mismo tiempo todo se hace «a favor de María», no puede ser

sino en cuanto María lleva la representación de Israel.

Consiguientemente, desde el punto de vista real, en el cumplimiento de

la promesa interviene el consentimiento de María como representativo;

y como representativo, necesario; y como necesario, raoralmente eficaz, por

nuevo título, en la realización de la promesa, es decir, en el establecimiento

de la Nueva Alianza, que no es otra cosa que la economía de la redención.

Es, por tanto, el consentimiento representativo una nueva forma de la

Corredención Mariana.

§ 2. Aspecto personal

Bajo el aspecto personal del cumplimiento de la promesa hemos de dis-

tinguir, lo mismo que en el real, el hecho de la solidaridad en la Descen-

dencia de Abrahán y el conocimiento que María tuvo o pudo tener del hecho.

En el hecho, a su vez, hay que distinguir dos aspectos: la existencia de \a

solidaridad y la acción de María en ella.

La existencia de la solidaridad en la Descendencia de Abrahán la afirma

categóricamente San Pablo, como ya antes hemos declarado. Y esto nos
basta. Según el Apóstol, Cristo es la Descendencia singular, en quien está

compendiada, concentrada y representada de un modo tan verdadero como
inefable toda la posteridad del gran patriarca.

La acción de María en la existencia de esta solidaridad ya no la afirma

San Pablo: hemos de explorarla por otros caminos. Para simplificar, como
la posteridad de Abrahán, descartados Ismael y Esaú, queda coartada a

Israel, con este nombre la designaremos. En este supuesto, tomemos como
base de nuestra exploración la frase corriente «hijos de Israel», análoga

a tantas otras, como «hijos de la Iglesia», «hijos de España». En seme-
jantes frases Israel, la Iglesia, España, se conciben como madres de los

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