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Table of Contents
                            Portada
Contenido
	A Hugo, Marie, Fanny-Sun
	Introducción
	Convenciones
	CAPÍTULO I. Objetos y objetivos
	CAPÍTULO II. La comunicación
	CAPÍTULO III. La significación
	CAPÍTULO IV. La descripción semiótica
	CAPÍTULO V. Las familias de los signos
	CAPITULO VI. Pluralidad de canales, pluralidad de códigos
	CAPÍTULO VII. La variación semiótica
	CAPÍTULO VIII. Pragmática, retórica y conocimiento
	CAPÍTULO IX. Problemas de una semiótica de los iconos visuales
	Bibliografía
	Índice de conceptos
	Nota del Editor
                        
Document Text Contents
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semiótica
GENERAL

Jean-Marie Klinkenberg

Manual

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VI. Pluralidad de canales, pluralidad de códigos

de un sistema fonográmico, o bien el significante de un sistema morfográmico, o

incluso el de un sistema indexical… Por lo tanto, una misma letra constituye a la

vez varios significantes, ya que es susceptible de jugar varios roles semióticos dis-

tintos. El hecho de que sólo haya un pequeño número de objetos gráficos se expli-

ca evidentemente por una regla de economía: tener en cuenta la autonomía de

cada función habría exigido, por ejemplo, la elaboración de morfemas escritos

especializados, y habría acarreado un costo paradigmático elevado (por ejemplo, si

la escritura del francés hubiera elaborado unos significantes específicamente mor-

fológicos, el conjunto de objetos gráficos se habría multiplicado enormemente).

Pero ese pequeño número es incompatible con la complejidad del pluricódico de

la escritura, de suerte que las escrituras tradicionales nos confrontan con una gran

polisemia de los significantes. El costo paradigmático modesto es compensado por

un costo sintagmático elevado.

Esta polisemia de los significantes desemboca en conflictos, que los estudios

históricos hacen valer. Así, para el caso del francés, los pluricódigos que se constitu-

yen en la época moderna reposan sobre una conciencia aguda de la pluralidad de las

funciones susceptibles de ser cumplidas por las marcas empíricas. Algunas de estas

marcas juegan entonces un papel diacrítico (ejemplo: /e/ después de /g/ y /c/ indica

que esos fonogramas se pronuncian como /j/ o /s/). Otras marcas permiten estable-

cer la coherencia morfográmica de las series (tal es el caso del número de consonantes

finales mudas). Pero cada uno de estos papeles opera sin que los objetos gráficos que

los aseguran se vean privados de las otras funciones —las fonográficas, por ejem-

plo— que por otra parte ya las asumen. De esta manera, una verdadera nebulosa de

funciones gravita alrededor de ciertos objetos (/x/ y /s/ mudas, por ejemplo).

En todos estos casos, algunas reglas refinadas permiten precisar notablemente la

relación entre el significante gráfico y su significado (remisión a determinado fonema,

a cierta función sintáctica, a la pertenencia a una clase morfológica dada, índice que

remite a las delimitaciones de la sílaba). Pero estas reglas valen al interior de un

dominio bien circunscrito: por ejemplo, el de las funciones fonográficas o el de las

funciones morfológicas, etc., donde contribuyen a la elaboración de un código.

Lo que hace falta a muchas escrituras, por el contrario, son reglas firmes de

devolución.

Estas reglas de devolución son aquellas que indican claramente a qué sistema

—y por lo tanto a qué código— pertenece la unidad encontrada. Que permiten,

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en otros términos, identificar la función en cuestión, y por lo tanto el repertorio de

reglas refinadas que debemos aplicar. En ciertas escrituras estas reglas que rigen el

sincretismo de los enunciados escritos son muy borrosas. De ahí la gran inestabili-

dad de estos pluricódigos.

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“[...] Ante todo digamos que este manual ha asumido un propósi-

to. Su ambición es dirigirse, en un lenguaje claro, a quienes no tienen

todavía ningún conocimiento en semiótica. Su autor ha postulado

también que esos lectores y lectoras no tenían ningún conocimien-

to particular ni en lingüística ni en filosofía y que no habían sido

iniciados en esa nebulosa de disciplinas que se llaman ciencias de la

comunicación. [...]

”He escrito, pues, para el principiante (y él es el único que podrá

decir si alcancé o no los objetivos que defino). Es decir: para lo que

se llama ‘el hombre honesto’ (locución sospechosa en varios órdenes,

siendo el primero de ellos que no se le conozca femenino). Más

precisamente aun, para: el estudiante o la estudiante salidos de la

educación media; el espíritu despierto y curioso que desee reflexionar

sobre la manera en que se ha constituido la imagen que tiene del

universo; el artista, el periodista o publicista que desee reflexionar

sobre sus prácticas; el ciudadano que intenta mirar con otros ojos,

distintos de los de la costumbre, el mundo que le han fabricado.

Porque, entre todos los representantes de las categorías que acabo de

enumerar sin ánimo de ser exhaustivo, es a aquellos que se preocupan

por lanzar una mirada nueva sobre las prácticas más banales y más

cotidianas a quienes me dirijo.

”Es un libro, pues, para principiantes”.

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