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podría indicar una relación entre esta divinidad y el
río Tâmega. La naturaleza de esta relación ha sido
debatida por los distintos investigadores que han estu-
diado este testimonio. Para Blázquez se trataba de una
divinidad acuática vinculada al ro80, mientras que
Encarnação pensaba que se trataba del propio río divi-
nizado81. Sin embargo, Tameobrigo posee el sufijo
característico de los epítetos tópicos de divinidades
indígenas relacionados con enclaves fortificados.
- (...)A BRIGO? (Delaes, Vila Nova de Famalicão). A
la inscripción le faltaría una primera línea donde se
ubicaría quizá la fórmula votiva y parte del teónimo,
cuya última letra sería la a de la primera línea conser-
vada. Brigo sería, así, la parte final del epíteto de una
divinidad cuyo nombre desconocemos. Para López
Cuevillas, el hallazgo de la pieza dentro del recinto
del castro de S. Miguel-o-Anjo y el que existiera en el
interior del mismo una capilla serían indicios de que
el dios ejercería el “patronazgo” sobre la comunidad
allí establecida82.

Finalmente, también serían derivados de topóni-
mos de poblaciones los siguientes:

- MARTI TARBUCELI. Aparecido en un ara proce-
dente de Montariol (S. Victor, Braga)83. Lo incluimos
aquí a partir de una inscripción hallada en Pastoria
(Chaves), en la que se cita un castellum Tarbu...84

sobre el que, probablemente, este Marte indígena
ejercería su influencia. Según Albertos, la variante -
ucelum en composición de topónimos consta en
Albucela, Araugelensis, Balatucelum o Arcucelum,
por lo que el epíteto de Marte derivaría de
Tarbucelum85.
- DURBEDICO. Altar procedente de Ronfe
(Guimarães, Braga)86. Sobre el significado de este epí-
teto se han planteado diversas opiniones, en el sentido
de que es una divinidad de las aguas87. Sin embargo,
la existencia de una inscripción que cita un castellum
Durbede que estaría ubicado en el área de Braga es
determinante88. No sabemos el nombre de la divinidad
a la que se refería la inscripción.

- IGAEDO. Lo conocemos por una inscripción halla-
da en una dependencia agrícola existente detrás de la
capilla de Nª Senhora de Almortão (Idanha-a-Nova,
Castelo Branco)89, cerca de Idanha-a-Velha, lugar
donde en época romana estaba la capital de la ciuitas
Igaeditanorum. Este apelativo haría referencia, por
tanto, a esa gens o a la propia capital que, según
Vasconcelos, pudo llamarse Igaedi o Igaedium, que
posteriormente derivó a Igaeditania como aparece en
monedas de época visigoda90. Por tanto, es difícil dis-
cernir entre una adscripción étnica o ciudadana de
este apelativo.
- CARNEO CALANTICENSI. Este epíteto es conoci-
do por una inscripción desaparecida y aludiría, según
Encarnação, a una población que se denominaría
Calantum, Calanta, Calantica o Calantia91.
- GENIO LAQUINIE(N)SI (S. Miguel de Caldas de
Vizela, Guimarães)92. La mayoría de los autores que
han estudiado la pieza inciden en el carácter tópico o
étnico del epíteto, que podría aludir a una ciudad o
territorio de nombre Laquinia o Laquinium93. En
Caldas de Vizela hubo posiblemente un uicus llamado
Oculis, que en el año 1014 aparece como Occulis
Calidarum94que, aparentemente, no tendría relación
con el apelativo de la divinidad. Si este dato se con-
firma, aumentarían las dudas sobre el significado del
epíteto.
- CONSO S[...]ENSI (S. Pedro de Trones, Puente de
Domingo Flórez, León)95. Es una dedicación a Coso y
un ejemplo de la vinculación de este dios a un encla-
ve, puesto que el adjetivo deriva de un topónimo.
- COSO VACOAICO(lugar indeterminado del distrito
de Viseu)96. Posiblemente el epíteto alude al oppidum
Vacca que se cita en Plinio. Este enclave estaría cerca
del lugar donde se halló la inscripción de Coso y tam-
bién del río Vouga, pues llevaba su mismo nombre97.
No obstante, la relación del topónimo y el apelativo de
Coso no es del todo segura.
- COSO NENEOECO. Conocido por dos inscripcio-
nes halladas en el concelho de Santo Tirso (Porto)98.
Alarcão sugería la posible relación de este epíteto con
el nombre de una localidad de la zona: Nine99, aunque

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80. Blázquez, 1962, 190. Una opinión parecida mantiene Tranoy,
para quien Tameobrigus sería “le maître” del río (1981, 277).

81. Encarnação, 1975, 276-280.
82. López Cuevillas, 1989, 289.
83. Tranoy, 1981, 304; Santos et al., 1983, 192; Tranoy, 1984, 446-

447.
84. Albertos, 1975, 33, nº 18. Sobre el carácter de la �C� inverti-

da como símbolo de un castellum, uid. p. 65-66.
85. Albertos, 1985, 472.
86. Hallada en 1881 en la torre de la iglesia de Ronfe (Sarmento,

19331, 177 nº 8).
87. Vasconcelos, 1905, 329-331; Blázquez, 1962, 174;

Encarnação, 1970, 228-230 nº 8; Encarnação, 1975, 179;
Tranoy, 1981, 274-275.

88. Encarnação, 1984, 187-188. Para P. le Roux, el nombre del
enclave sería Durbeda o Durbedum (1992-93, 154 nº 3).

89. Almeida, 1964, 65-73; ILER 5995; Encarnação, 1975, 199-200.
90. Vasconcelos, 1905, 32 con nota 3.
91. Encarnação, 1984, 489, nº 410. Pudieron haberse dedicado dos

altares más a este dios, pero el primero de ellos está también
desaparecido y el segundo es bastante dudoso (ibid., 490-491,
nº 411 y 412).

92. CIL II 2405; Cardozo, 1935, nº 36; ILER 658; García, 1991, nº
206.

93. Vasconcelos, 1905, 195; en el mismo sentido, Blázquez (1962,
135), Encarnação (1975, 191-192).

94. Alarcão, 1988, 17 nº 315.
95. García Martínez, 1998, 325-331.
96. Vaz, 1989, nº 140.
97. Alarcão, 1974, 91; Vaz, 1989, nº 140.
98. Blázquez, 1962, 120-122; Encarnação, 1975, 164-169.
99. Alarcão, 1974, 171; García, 1991, nº 50.

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esta vinculación no se puede asegurar por el momen-
to.
- ARANTIO OCELAECO. Esta ofrenda procedente de
Ferro (Covilhã, Castelo Branco)100, se hace al dios
junto a Arantia Ocelaeca. Para Albertos, Ocelum
sería el lugar que protegerían ambos dioses, pero sería
distinto a la ciuitas de los Ocelenses que mencionan
Ptolomeo y Plinio y al Ocelum de los Vettones, aun-
que podría ser también este último enclave101.
- LARI OCAELAEGO. En esta inscripción, hallada en
Santa Magdalena de Paradiña (Sarreaus, Orense),
consta otro epíteto del mismo tipo que el anterior, alu-
sivo a un topónimo Ocelum102.

Además de las inscripciones que citamos, Albertos
incluyó otras en las que los epítetos se relacionaban
con núcleos de población. Se trata de las referentes a
Arentio Cronisensi, Bandua Ituicie(n)si, Laribus
Cusicelensibus, dis deabus Nobranininsibus103 y, en un
trabajo posterior, añadió a estos otros apelativos que
tenían relación con topónimos actuales: Segidiaeco,
Cariociego, Paraliomego, Paramaeco, Barciaeco,
Tabudico, Circeiebaeco y Tarmucenbaecis104. No obs-
tante, las lecturas de algunos epítetos del primer grupo
no son lo suficientemente fiables para permitirnos su
utilización con fines ulteriores; en cuanto al segundo
grupo, como ya Albertos anunciaba, no es seguro que
esos epítetos se identifiquen con los nombres de topó-
nimos actuales que cita.

En resumen, además de los trece testimonios refe-
ridos a Bandua, disponemos de cuatro dedicaciones a
Genios indígenas con epítetos derivados de topóni-
mos, tres a Coso105 y una a Marte, los Lares, Ioueai
(que quizá corresponda a Júpiter), Crougeai, Soe,
Carneo y Arentio. Finalmente, existen altares ofreci-
dos a dioses cuyo nombre no conocemos, pero sí sus
epítetos: Tameobrigo, Brigo, Durbedico e Igaedo.

Hemos expuesto los datos que muestran algo ya
conocido por los investigadores, que en el territorio
lusitano-galaico Bandua es la divinidad indígena a la
que con mayor frecuencia se cita junto a epítetos refe-
rentes a uici, pagi o castella, por lo que se puede con-
cluir que tenía una muy especial vinculación con
comunidades indígenas de segundo rango. A la gran
proporción de invocaciones a Bandua con epítetos
que lo caracterizan como divinidad vinculada de
diversas poblaciones106 se une, por el contrario, la

ausencia total de apelativos de este dios referentes a
grupos familiares, clánicos o tribales.

Es cierto que desconocemos el significado de un
buen número de sobrenombres de Bandua y podrían
haber entre ellos apelativos gentilicios, pero este
punto no se puede confirmar con los datos actuales107.
Además, hemos de considerar que otras divinidades
de las que conocemos menos testimonios se acompa-
ñan de sobrenombres alusivos a grupos familiares.
Podemos citar algunos ejemplos: Araco Arantoniceo
relacionado con el antropónimo Arantonius; Arentio
Tanginiciaeco vinculado a Tanginus; el apelativo de
[...]ouio Tabaliaeno que se refiere a Tabalus, testimo-
niado en el área astur; Lugubo Arquienobo y Lucoubo
Arquieno, relacionados con el antropónimo
Arquius108o Vaco Caburio, vinculable al cognomen
Caburus109.

De Hoz ya había advertido que Bandua era una
divinidad protectora y tutelar, ligada a “comunidades
humanas”, pero consideraba que no era una divinidad
personal, con perfiles bien definidos, sino con un
carácter genérico110. Además, este investigador plante-
aba que los Genios o Lares que aparecen en singular
en las inscripciones pudieran tener características
similares a las de Bandua111.

Hemos visto arriba que cuatro de los ejemplos his-
panos donde aparecen epítetos relativos a comunida-
des urbanas son dedicaciones a Genios lo que está, en
principio, de acuerdo con las hipótesis planteadas por
De Hoz respecto a una cierta identificación entre
ambas divinidades. Pero, si esta idea es correcta, ¿qué
información nos aporta para establecer el carácter de
Bandua? ¿Qué características tenían los Genios roma-
nos que parecían similares a una divinidad que ejercía
su tutela sobre comunidades indígenas?

Sabemos que el culto al Genio, durante el alto
imperio, estaba lejos del casi exclusivo perfil familiar
que tenía durante los primeros tiempos de la
República. En todo el mundo romano hay testimonios
de Genios que ejercían protección sobre poblaciones,
demarcaciones administrativas, collegia, etc.112. No
obstante, uno de los ámbitos donde más rastros han
quedado del culto a Genios ha sido en el militar,
donde aparece como protector de diversas unidades,
instalaciones, o de dioses de carácter guerrero113. Por
otra parte, determinados Genios eran entidades que
protegían un gran número de localidades en todo el
mundo romano.

Es, por tanto, lógico que el dios al que se enco-
mendaba la protección de las comunidades indígenas

BANDUA, EL PROTECTOR DE LA COMUNIDAD 155

100. Leitão, 1981, 56-58.
101. Albertos, 1985, 472-473.
102. Rodríguez González, 1990-1991, 204-209.
103. Albertos, 1975, 60.
104. Albertos, 1977, 25.
105. De ellas una se vincula claramente, por el epíteto, a un topó-

nimo y en las otras dos la relación no es segura. Por otra
parte, la ofrenda a Soe Meobrigoe podría pertenecer también
a esta divinidad.

106. Albertos, 1977, 21.

107. De Hoz, 1986, 41.
108. Tranoy, 1981, 378.
109. Untermann, 1965, 11 ss.; Albertos, 1975, 17, nº 166.
110. De Hoz, 1986, 41.
111. Ibid. loc.cit.
112. Iglesias, 1986, 129-132.
113. Speidel y Dimitrova-Milceva, 1978, 1543-1551.

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