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Page 2

LORNA

Erika HAV

Primera edición: febrero 2014

© Erika Hav 2014

© E-dítaloContigo, 2014 www.editalocontigo.es [email protected] ISBN: 978-84-942221-7-7

© Fotografía de portada: Woman bathing in moonlight, iStock.com/digitalg

Diseño de cubierta y maquetación: EdítaloContigo

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algún fragmento de esta obra.

A la memoria de Maite

A Mabel

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— Lo siento — murmuré separándome.

Su mano se tensó en mi cuello impidiendo que retrocediera.

— Yo no.

Sentí por primera vez el tacto de su mano sobre mi piel. No sé cómo no me hube percatado, desde
que despertara, del calor que desprendía la palma de su mano sobre mi cuello.

— La próxima vez empújame para que me mueva y te deje sitio.

— No quería más sitio — me acarició la mejilla con el pulgar.

Bajé la vista tímidamente. Me estaba empezando a poner muy nerviosa, el corazón me latía
demasiado deprisa. No sabía en qué momento me di la vuelta para abrazarla de aquella manera.

— ¿Llevo mucho tiempo durmiendo?

— Unas dos horas.

Me costaba mucho mantener su mirada en la proximidad, por lo que esquivaba a menudo sus
preciosos ojos, que con la luz del atardecer parecían más oscuros de lo que realmente eran.

— ¿Y no te he dejado dormir ni siquiera un rato?

Sonrió más abiertamente.

— Hubiera podido dormir si hubiese querido, pero prefería mirar cómo dormías tú —tragué saliva y
noté que mis sienes se empapaban en sudor. Tenía el corazón a mil por hora y sabía que Lorna podía
oírlo—. ¿Qué has soñado?

— No lo sé — tardé en contestar tratando de recordar—. No me acuerdo. ¿Por qué? — su risa
rompió la quietud de la habitación—. ¿He dicho algo? — mi voz sonó con el mismo temor que la vez
anterior — ella rio de nuevo, entonces recordé que mi madre siempre decía que hablaba mucho en sueños
—. ¿Qué he dicho? — levanté la vista con reparo—. Bueno, sea lo que sea, no será nada que tú no sepas
ya — tuve que admitir.

— Yo no estaría tan segura… — Dímelo.

— ¿Quién es Greta? — preguntó burlona.

— ¿Greta? No tengo ni idea. En mi vida he conocido a ninguna Greta.

— ¿Estás segura?

Repasé mentalmente mi corta vida.

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les habrías visitado. Entonces llega el jueves, y Martina me pide que le acompañe a comprar un regalo
para Laia por su cumpleaños. De camino a la tienda, descubro que estoy pasando por delante de la
Clínica Romo y que tu coche está allí aparcado. Decido regresar con Martina hasta casa para que no
sospeche, me aseguro de que se ha ido y doy media vuelta hasta la clínica. Tu coche continúa en el mismo
lugar de antes, por lo que aparco la moto para que no puedas verla y desde la acera de enfrente espero a
que salgas. Apareces sola caminando por el parking y con otra bolsa idéntica a la de tu armario, te
montas en el coche y te vas. He querido pensar que igual estabas en una entrevista de trabajo, porque soy
incapaz de creer que me hayas dicho que te vas cuando en realidad lo que ibas a hacer era meterte en un
quirófano para operarte sin decirme ni una sola palabra. Más tarde, como cada noche, me llamas a las
nueve y media y me cuentas despreocupadamente que has estado con Blyth en BouAzzer — bajé la vista a
sus labios cuando advertí que estaban conteniendo la risa—. ¿Te hace gracia? —pregunté casi
escandalizada.

— No — trató de controlar la sonrisa que iba lentamente formándose en sus labios—. ¿Pero qué
querías que te dijera?

Contemplé su precioso rostro, que me miraba interrogante como una niña pequeña arrepentida de su
última travesura.

— Si quieres operarte, si eso es lo que realmente quieres, dime que lo necesitas hacer por ti y no por
mí. Si supiera cómo te convencería para que no lo hicieras.

— Es por mí, de verdad.

— Déjame estar contigo, por favor. No me eches de tu vida — le rogué de nuevo —. Quiero
acompañarte a cada prueba y quiero estar a tu lado hasta que entres en quirófano y cuando salgas de él,
quiero que me dejes cuidar de ti hasta que te hayas recuperado del todo. — Apoyó la frente en mis labios
y cabeceó agarrada a mi camiseta—. Había llegado a pensar que te estabas viendo con alguien más —
confesé.

— No, mi amor, no hay nadie más que tú. ¿Cómo puedes pensar una cosa así?

— Porque no entendía que ya solo pudiera verte los fines de semana.

— No te veía porque era la única forma humana que encontraba para no terminar acostándome
contigo. ¿Cuántas veces crees que iba a poder estar contigo sin que me preguntaras por qué siempre
llevaba puesto el sujetador?

— Muchas, muchísimas — besé su frente.

— Porque lo sabías — sonrió.

— Al principio creí que no te gustaba que te tocaran el pecho, hasta que el sábado pasado conseguí
averiguar que no era verdad… — busqué sus labios y la besé.

Me ardió la piel cuando me devolvió el beso con ternura, acariciando mi lengua con la suya. Tanteé
la pared y apagué la sutil luz que iluminaba la habitación.

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— No, Denise — susurró al quedarnos a oscuras y comprender mis intenciones —. No quiero que me

veas así, ¿no lo entiendes?


— Ya te he visto, Lorna, y eres preciosa. No sé cómo puedes pensar ni por un instante que algo de ti
no me pudiera gustar. Quiero hacer el amor contigo, por favor — supliqué llevándola hasta la inmensa
cama al tiempo que retomaba nuestro beso.


Hice que se tumbara y me desnudé adaptando los ojos a la oscuridad. Distinguía con facilidad la

toalla blanca que cubría su cuerpo, pero me llevó más tiempo adivinar su rostro y descubrir que me
estaba contemplando. Su respiración sonó más fuerte con el roce de nuestros labios y gemí al instante con
el húmedo calor de su boca, de su dulce recibimiento. Besaba tan maravillosamente bien que me sacudí
sin que aún me hubiera tocado. Ahogó un gemido cuando temblé sobre ella, fundiéndonos suavemente.


— Eres preciosa — sollocé tras apreciar que se tensaba cuando comencé a abrir muy despacio su

toalla.


Exhaló aire, permitiéndome que continuara. Me estremecí cuando mi pecho desnudo entró en contacto
con el calor del suyo, cuando mi desnudez reposó sobre la suya. Volví a fundirme en su boca y me sentí
feliz. Poco a poco la rigidez que aún albergaban sus músculos fue cediendo y su cuerpo me acogió
amoldándose al mío, dándome así una completa bienvenida al fin.

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