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Table of Contents
                            Capítulo I El Ángel
Capítulo II Los niños de Fátima
Capítulo III La primera Aparición
Capítulo IV Segunda Aparición
Capítulo V Tercera Aparición
Capítulo VII
Cuarta aparición
	El Alcalde
	El “Truco”
	La ordalía
	El Secreto
	El 19 de agosto
Capítulo VIII Quinta aparición
Capítulo IX La sexta Aparición
Capítulo X Sexta aparición (continuación)
Capítulo XI Francisco conduce el camino
Capítulo XII La muerte de Jacinta
Capítulo XIII La capilla en Cova da Iría
Capítulo XIV La misión de Lucía
Apéndice I Los Cinco Primeros Sábados de reparación
Apéndice II: La Consagración de Rusia No ha sido realizada
Apéndice III La promesa de paz
	Palabras de Nuestra Señora de 
Fátima sobre el Santo Rosario
	Acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María
	Sor Lucía habla acerca del Rosario
	Las siete oraciones de Fátima
                        
Document Text Contents
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“The Most Holy Virgin is very sad because no one has paid any
attention to Her message, neither the good nor the bad.”

... Sister Lucia of Fatima

For additional copies of this book, the booklet Pray the Rosary, The Peace
Pledge prayer card, or for more information about FATIMA,

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LA VERDADERA HISTORIA
DE FÁTIMA

Una narración completa de las
Apariciones de Fátima

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Jesus and Mary visit Sister Lucia of Fatima
in the convent of Pontevedra on December 10, 1925.

The Most Holy Trinity
and the Blessed Virgin Mary appear to Sister Lucia

in her convent chapel at Tuy on June 13, 1929.

Speaking of herself in the third person, Lucia narrated what happened:
“On December 10, 1925, the Most Holy Virgin appeared to her (Lucia), and by Her side,

elevated on a luminous cloud, was the Child Jesus. The Most Holy Virgin rested Her hand
on her shoulder, and as She did so, She showed her a heart encircled by thorns, which She
was holding in Her other hand. At the same time, the Child said:

“‘Have compassion on the Heart of your Most Holy Mother, covered with thorns, with
which ungrateful men pierce It at every moment, and there is no one to make an act of
reparation to remove them.’

“Then the Most Holy Virgin said: (See the rest of the description on page 85.)

(See the rest of the description on pages 89 and 90.)

Sister Lucia describes the vision as follows:
“Suddenly a supernatural light illumined the whole chapel and on the altar appeared a

cross of light which reached to the ceiling. In a brighter part could be seen, on the upper part
of the Cross, the face of a Man and His body to the waist. On His breast was an equally
luminous Dove, and nailed to the Cross, the body of another Man.

“A little below the waist, suspended in mid-air, was to be seen a Chalice and a large Host
onto which fell some drops of Blood from the face of the Crucified and from a wound on His
breast. These drops ran down over the Host and fell into the Chalice. Under the right arm of
the Cross was Our Lady [Our Lady of Fatima with Her Immaculate Heart in Her hand] …
Under the left arm (of the Cross), some big letters, as if it were crystal-clear water running
down over the altar, formed these words: ‘Grace and Mercy’.” ...

“Then Our Lady spoke:

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Jesús y María visitan a Sor Lucía de Fátima
en el convento de Pontevedra el 10 de diciembre de 1925.

Lucía, escribiendo en tercera persona, da el relato de la visita de Nuestra
Señora:
“El día 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen se le apareció a ella, y al lado,

suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen poniendo una
mano en el hombro de Lucía, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la

otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo, dijo el Niño:
“‘Ten compasión del Corazón de Tu Santísima Madre que está cubierto de espinas

que los hombres ingratos continuamente le clavan sin haber quien haga un acto de
reparación para arrancárselas’.

“Luego la Santísima Virgen le dijo:

(vea el resto de la descripción en la página 85.)

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“Nace el sol, pero el cariz del cielo amenaza tormenta. Las nubes negras se amontonan
precisamente por el lado de Fátima. Nada, sin embargo, les detiene; por todos los
caminos, y sirviéndose de todos los medios de locomoción, quieren a toda costa verse
en Fátima. Los automóviles lujosos se deslizan vertiginosamente, haciendo sonar sus
bocinas; los carros de bueyes se arrastran ladeándose hacia la cuneta, las galeras, las
manuelas, los vehículos cerrados, los carruajes de todas clases, en los que se improvisan
asientos, van cargados a más no poder.

“Casi todos van provistos de sus alforjas o saquitos con comidas más o menos modestas
para ellos y forraje para los animales a los que el ‘poverello’ de Asís llamaba nuestros
hermanos, que llenan cumplidamente su cometido. Se oye algún que otro tintineo,
se ven carretas adornadas de follaje; no obstante, el ambiente de fiesta no raya en lo
exagerado; las maneras son compuestas y el orden absoluto. Tratan los borriquillos a
un lado del camino, y los ciclistas, numerosísimos, hacen verdaderos prodigios para no
precipitarse contra los carros.

“Hacia las diez el sol se entolda completamente y no tarda en comenzar a llover y
llover bien. Las mangas de agua, batidas por un viento agreste, fustigan los rostros,
encharcando el camino empedrado y calando hasta los huesos a los caminantes. Si
algunos se cobijan bajo las copas de los árboles, junto a las paredes de las fincas o en las
distanciadas casas que se topan a lo largo del camino, otros continúan la marcha con
una resistencia impresionante.

“El lugar de Fátima donde se dice que la Virgen se aparece a los pastorcitos del
pueblecito de Aljustrel, está dominado por una enorme extensión desde el camino que
lleva a Leiría y a lo largo del cual se acomodan los vehículos que allá han conducido
a peregrinos y mirones. Pero el grueso de los grupos, millares de personas venidas de
muchas leguas alrededor y a los que se juntan creyentes de varias otras provincias se
congregan en torno de la pequeña encina que, al decir de los pastorcitos, la Visión ha
escogido por su pedestal y que puede considerarse como el centro del amplio circo en
cuyo reborde se acomodan otros espectadores y devotos”.

Algunos estimaban que la muchedumbre en Cova da Iría ese día debía de ser por lo
menos de setenta mil personas. Un profesor de la Universidad de Coimbra, Dr. Almeida
Garrett, después de considerarla con cuidado, nos habla en su relación de más de cien
mil. “El día 12 – nos cuenta la señora María Carreira – sobraba tanta gente allá. Y era
tal el barullo, que se oía hasta arriba en nuestro lugar. Pasaron la noche todos al aire
libre, porque no había ni una habitación disponible. Aún no apuntaba el sol y ya se
rezaba, se lloraba y cantaba. También yo fui para allá muy pronto y conseguí llegar a la
encina, de la que no quedaba más que el tronco, a la que yo la víspera adorné con flores
y cintas de seda”.

En casa de Lucía, había gran conmoción. La señora María Rosa se estremecía
como nunca antes suponiendo que para la hija sería aquel el último día de su vida.
Corriéndole las lágrimas por las mejillas, contemplaba a la niña que, acariciándole el
rostro, procuraba animarla.

“No tenga miedo, madrecita – dijo Lucía – porque nada malo nos ha de suceder.
Nuestra Señora ha de hacer lo que prometió”.

Y Lucía se disponía a salir. La señora María Rosa se decidió a acompañarla. “Si mi
hija va a morir, ¡quiero morir yo a su lado”! Y con el padre fue a llevar a la niña a casa
de los tíos.

La casa rebosaba de gente; centenares estaban también afuera, esperando a los niños.
“Os curiosos y devotos nos llenaban la casa a más no poder” – Tío Marto recordaba.

“Fuera llovía mucho. Aquello estaba hecho un barrizal. Mi mujer se afligía con todo
aquello. Había gente encima de las arcas y de las camas; todo lo manchaban. ‘Déjalo,
querida’ – la tranquilicé. ‘En llenándose, no cabe uno más’. A la hora justa, me disponía

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yo a salir detrás de los pequeños cuando un vecino me llama aparte y me dice bajito: ‘Tío
Marto, será mejor que no vaya Usted. Podía suceder que lo maltraten. A los pequeños,
no. Son criaturas; nadie va a hacerles nada. Pero Usted, corre peligro’. ‘Yo voy de buena
fe’ – le contesté. ‘No tengo ningún miedo. Las cosas irán bien, no tengo el menor recelo’.
Mi Olimpia, sí, tenía mucho miedo: siempre andaba con confusiones. Se encomendaba
a Nuestra Señora. Veía aquello de otro modo, porque los sacerdotes y otras personas no
lo veían bien.

“Los niños estaban muy tranquilos. Jacinta y Francisco de nada se preocupaban.
‘Oye – decía Jacinta – si nos matan vamos al Cielo, pero los que nos hagan mal ¡pobres!

¡Van al Infierno’!
“Una señora de Pombalinho, nada menos que la Baronesa de Almeirim, trajo dos

vestidos para las pequeñas y ella misma se los vistió; uno azul, para Lucía, y uno blanco,
para Jacinta; en la cabeza les puso una coronita de flores de tela, de modo que parecían
angelitos. Salimos de casa lloviendo a mares. El camino era un lodazal. Todo lo cual no
impidió que hubiese mujeres y hasta señoras que se arrodillaban delante de los niños.
¡‘Déjense de todo esto, señoras’! – les decía yo. Aquella gente pensaba que los niños
tenían un poder que sólo los santos tienen.

“Después de muchos trabajos y muchas intervenciones, llegamos a Cova da Iría. La
gente estaba tan apiñada que no se podía pasar. Entonces fue cuando un chófer levantó
a mi Jacinta en los brazos y a empujones se abrió paso hasta las varas que sostenían las
linternas, gritando: ¡‘Dejen pasar a los niños que han visto a Nuestra Señora’!

“Yo me puse detrás de ellos y Jacinta, afligida por verme en medio de tanta gente,
comenzó a gritar: ¡‘No aplasten a mi padre! ¡No aplasten a mi padre’!

“La pusieron en el suelo junto a la encina, pero también allí la aglomeración era
espantosa y la pequeña lloraba. Entonces Lucía y Francisco la pusieron en medio de
ellos.

“Mi Olimpia estaba al otro lado, no sé por dónde; pero la madre de Lucía, María Rosa,
llegó hasta allí mismo. Yo me quedé un poquito separado y uno de mala traza me dio
con un palo en el hombro y pensé entre mí: ‘Esto es el principio del desorden’. La gente
ondulaba para atrás y para adelante, hasta que, cuando llegó aquel momento, todo
quedó silencioso y tranquilo. El momento, ya es sabido, era el mediodía solar”.

“Junto al lugar de las Apariciones había también un sacerdote – nos dice la señora
María da Capelinha – que había pasado allí la noche, y se encontraba ahora rezando el
breviario. Al mediodía llegaron los niños vestidos de blanco como si fuese de Primera
Comunión y el señor sacerdote les preguntó a qué hora iba a llegar la Santísima Virgen.
‘Al mediodía’ – respondió Lucía. El sacerdote miró el reloj y dijo: ‘El mediodía ya ha
pasado. ¡Nuestra Señora no es mentirosa! ¡Vamos a ver’! Pasaron unos minutos y el tal
sacerdote mira otra vez el reloj y dice: ‘El mediodía ya ha pasado: ¡Esto no es más que
una ilusión! ¡Fuera de aquí’!

“Pero Lucía no se quería ir y el sacerdote comenzó a empujar con las manos a los tres
niños. Lucía entonces le dijo llorando: ‘El que quiera que se vaya, ¡que yo no me voy! Yo
estoy en lo mío. Nuestra Señora dijo que vendría. Otras veces ha venido y ahora también
vendrá’. Al mismo tiempo miró para el oriente y dijo a Jacinta: ‘Jacinta arrodíllate, que
ya viene Nuestra Señora. Ya he visto el relámpago’. El sacerdote se calló, muy calladito,
y no lo vi más”. La hora de la Aparición había llegado; el milagro que se les prometió
había comenzado.

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Jesus and Mary visit Sister Lucia of Fatima
in the convent of Pontevedra on December 10, 1925.

The Most Holy Trinity
and the Blessed Virgin Mary appear to Sister Lucia

in her convent chapel at Tuy on June 13, 1929.

Speaking of herself in the third person, Lucia narrated what happened:
“On December 10, 1925, the Most Holy Virgin appeared to her (Lucia), and by Her side,

elevated on a luminous cloud, was the Child Jesus. The Most Holy Virgin rested Her hand
on her shoulder, and as She did so, She showed her a heart encircled by thorns, which She
was holding in Her other hand. At the same time, the Child said:

“‘Have compassion on the Heart of your Most Holy Mother, covered with thorns, with
which ungrateful men pierce It at every moment, and there is no one to make an act of
reparation to remove them.’

“Then the Most Holy Virgin said: (See the rest of the description on page 85.)

(See the rest of the description on pages 89 and 90.)

Sister Lucia describes the vision as follows:
“Suddenly a supernatural light illumined the whole chapel and on the altar appeared a

cross of light which reached to the ceiling. In a brighter part could be seen, on the upper part
of the Cross, the face of a Man and His body to the waist. On His breast was an equally
luminous Dove, and nailed to the Cross, the body of another Man.

“A little below the waist, suspended in mid-air, was to be seen a Chalice and a large Host
onto which fell some drops of Blood from the face of the Crucified and from a wound on His
breast. These drops ran down over the Host and fell into the Chalice. Under the right arm of
the Cross was Our Lady [Our Lady of Fatima with Her Immaculate Heart in Her hand] …
Under the left arm (of the Cross), some big letters, as if it were crystal-clear water running
down over the altar, formed these words: ‘Grace and Mercy’.” ...

“Then Our Lady spoke:

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Tuesday, March 22, 2011 11:43:52 AM

La Santísima Trinidad
Y la Santísima Virgen María aparecen a Sor Lucía

en su capilla conventual en Tuy el 13 de junio de 1929.

Sor Lucía describe la visión como se sigue:
“De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar

apareció una cruz de luz que llegaba hasta el techo. En una luz más clara se veía, en la
parte superior de la cruz, un rostro de un Hombre y Su Cuerpo hasta la cintura. Sobre
su pecho había una paloma igualmente luminosa. Y clavado en la cruz, el cuerpo de otro
Hombre.

“Un poco por debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia
grande sobre la cual caían unas gotas de Sangre que corrían a lo largo del Rostro del
Crucificado y de una herida en Su pecho. Escurriendo por la Hostia, esas gotas caían
dentro del Cáliz. Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora [Nuestra
Señora de Fátima con Su Inmaculado Corazón en la mano]… Bajo el brazo izquierdo (de
la Cruz), unas grandes letras, como si fueran de agua clara cristalina, que corrían hacia
el altar, formaban estas palabras: ‘Gracia y Misericordia’.

“Después Nuestra Señora me dijo:
(ver el resto de la descripción en las páginas 89 y 90.)

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“The Most Holy Virgin is very sad because no one has paid any
attention to Her message, neither the good nor the bad.”

... Sister Lucia of Fatima

For additional copies of this book, the booklet Pray the Rosary, The Peace
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Tuesday, March 22, 2011 11:43:51 AM

“La Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni
los buenos ni los malos”.

…Sor Lucía de Fátima

Para conseguir más ejemplares de este libro, el opúsculo Rezo del Rosario, la
estampa La Promesa de Paz, o para más información sobre FÁTIMA escribanos
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