Download La justificación del bien - V. Soloviov PDF

TitleLa justificación del bien - V. Soloviov
File Size13.8 MB
Total Pages587
Document Text Contents
Page 1

VLADÍMIR SOLOVIOV

LA JUSTIFICACION
DEL BIEN

Ensayo de filosofía moral

EDICIONES SÍGUEME
SALAMANCA

2012

Page 2

The publication was effected under the auspices
o f the Mikhail Prokhorov Foundation

t r a n s c r i p t Programme to Support Translations o f Russian Literature

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General del Libro, Ar­
chivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura para su préstamo público en Bibliotecas
Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.

Cubierta diseñada por Christian Hugo Martín
© Traducción de José María Vegas sobre el original ruso OnpaB,iaHnc ;io6pa.

Introducción e índices de Francisco José López Sáez
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2011

Cl García Tejado, 23-27 - 37007 Salamanca / España
Tlf.: (+34) 923 218 203 - Fax: (+34) 923 270 563
[email protected] gueme. es
www.sigueme.es

ISBN: 978-84-301-1806-9
Depósito legal: S. 426-2012
Impreso en España / Unión Europea
Imprime: Gráficas Varona S.A.

Page 293

Desarrollo histórico de la conciencia individual y social

Exactamente igual, la diferencia de los estados o de las clases no es
contraria a la idea de la sociedad civil, con tal de que las relaciones
mutuas entre estas clases se defina por su cualidad intrínseca; pero si
un grupo humano, más apto por naturaleza para los trabajos serviles
que para el conocimiento y la realización de la verdad suprema, ad­
quiere el predominio en la sociedad y toma en sus manos los asuntos
del gobierno y la educación del pueblo, y los que poseen el cono­
cimiento verdadero y la sabiduría son obligados a dedicarse a los
trabajos materiales, entonces una organización así del Estado con­
tradice su idea y pierde todo sentido. El dominio de las fuerzas infe­
riores del alma sobre la razón en un hombre individual y el dominio
de la clase material sobre la intelectual en la sociedad son dos casos
de la misma aberración y la misma irracionalidad. El idealismo los
reconoce como tales cuando denuncia resueltamente el mal funda­
mental tanto en el alma como en la organización social del hombre.
Por denunciar estas cosas tuvo que morir Sócrates, pero, ¡cosa rara!,
incluso este hecho trágico no llevó a sus discípulos a reconocer que
además del mal moral y el político existe en el mundo una tercera
forma de mal: el físico, precisamente la muerte. El detenerse de mo­
do ilógico en las dos primeras anomalías, la de un alma mala y la de
una mala sociedad, el hiato artificial del pensamiento entre la vida
moral y social por un lado, y la vida natural y orgánica por el otro,
es un rasgo característico de toda cosmovisión idealista, en cuanto
universalismo intermedio y transitorio, que lo es a medias y no llega
a expresarse hasta el final.

Pero ¿es que acaso no está claro que el dominio de la muerte en
el mundo de los vivos constituye el mismo desmán, la misma tergi­
versación de niveles que representa la supremacía de las pasiones
ciegas sobre el alma racional o el dominio del populacho en la so­
ciedad humana? Una vez que resulta indudable que la organización
intrínsecamente racional y la vida de los organismos representan una
medida mayor y un nivel superior de realización del principio ideal
en la naturaleza que las fuerzas aleatorias de la materia inorgánica,
está claro que la victoria de estas últimas sobre la vida, su liberación
respecto del poder vital y la definitiva disolución del organismo por
parte de esas fuerzas es una contradicción del orden ideal debido, es
una anomalía y una irracionalidad. La vida no destruye las fuerzas
inferiores de la materia, sino que las somete a sí y con ello las vivifi­

295

Page 294

El bien a través de la historia de la humanidad

ca. Es evidente que tal sometimiento de lo inferior a lo superior es la
norma; en consecuencia, la relación contraria, que además va acom­
pañada de la destrucción de las formas superiores del ser en su rea­
lidad dada, no puede ser normal, no puede justificarse ni legitimarse
en nombre de la razón y de la idea. La muerte no es idea, sino sólo
la negación de la idea, es sólo la rebelión de las fuerzas ciegas contra
la razón. Y por eso la alegría de Sócrates ante la muerte, hablando
estrictamente, es sólo una debilidad disculpable y conmovedora del
anciano, abrumado por las cargas de la vida, y no la expresión de
una conciencia superior. Para la inteligencia, ocupada no en el senti­
miento personal, sino en la esencia de las cosas, esta muerte debería
suscitar en vez de alegría una tristeza doble: triste era la condena a
muerte en cuanto injusticia social, en cuanto victoria de los ignoran­
tes viciosos y malvados sobre el justo y el sabio; y triste fue el mismo
proceso de la muerte en cuanto injusticia física, por ser la victoria de
la fuerza ciega e inanimada de la sustancia venenosa sobre el cuerpo
organizado en el que se encamaba un espíritu racional.

El mundo entero, no sólo el mundo espiritual y el social, sino tam­
bién el físico, sufre por esta infracción de la norma, todo está necesi­
tado de ayuda; pero la abulia del asceta, que se separa de toda forma
de vida y del medio vital, no está en condiciones de prestar esa ayuda,
como tampoco lo está la contemplación intelectual del filósofo, que
vive sólo por medio del pensamiento en el mundo de las ideas; sí lo
está la fuerza viva de la persona humana entera, que posee el signifi­
cado absoluto no sólo en la potencia negativa, ni sólo en la idea, sino
en la realidad positiva. Este es el hombre perfecto, el Dios-hombre,
que no sale de este mundo al nirvana o al reino de las ideas, sino que
viene al mundo para salvarlo y renacer al Reino de Dios, para que la
persona perfecta se encame en la sociedad perfecta.

VIII
La significación moral absoluta de la persona humana exige pa­

ra sí la perfección o la plenitud de la vida. Esta exigencia no se
satisface ni con la mera negación de la imperfección (como en el
budismo), ni con la mera participación ideal en la perfección (como
en el platonismo y, en general, en el idealismo); tal exigencia sólo
puede ser satisfecha por la presencia efectiva y la realización de la

296

Page 586

Tabla de materias - Tercera parte

X. — El principio religioso de la paternidad es el principio de la vida
espiritual que no procede de uno mismo. - De aquí el sentido de envío o
la apostolicidad, como opuesto a la impostura. - Cristo, «el enviado del
Padre» y que cumple la voluntad del que le envió y no la suya, es el pro­
totipo absoluto del apostolado. - Su continuación en la Iglesia: «como
el Padre me ha enviado a mí, así os envío yo a vosotros». - Del mismo
modo que la relación filial es el prototipo de la piedad, así el Hijo Uni­
génito de Dios es el Hijo por antonomasia y, en cuanto encamación de
la piedad, es camino, verdad y vida de su Iglesia como organización
de la piedad en el mundo. - La vía de la piedad es un camino jerárquico
que viene de arriba (sentido de la imposición de manos ordenación y
de la consagración). - La verdad eclesial en su fundamento y esencia no
es ni científica ni filosófica, ni siquiera teológica, sino que contiene los
dogmas de la piedad, el sentido universal de los siete concilios ecumé­
nicos. - La vida de piedad; sentido de los siete sacramentos.

XI. - La cuestión de la relación de la Iglesia con el Estado, es decir,
el problema del Estado cristiano. - La importante indicación en el Nue­
vo Testamento (la historia del centurión Comelio).

XII. - La necesidad moral del Estado. - Explicaciones en relación
con el cristianismo.

XIII. - El Estado como compasión colectiva organizada. - Vladimir
Monomaj y Dante. - Explicación.

XIV. - Análisis de la objeción general contra la definición del Esta­
do normal.

XV. - Análisis de los malentendidos jurídicos.
XVI. - Por encima del objetivo general conservador de todo Estado,

que es proteger los fundamentos de la convivencia sin los que la huma­
nidad no podría existir, el Estado cristiano tiene además un objetivo
progresivo: mejorar las condiciones de esta existencia cooperando al
libre desarrollo de todas las fuerzas humanas que deben convertirse en
portadoras del advenimiento del Reino de Dios. Explicaciones.

XVII. - La relación normal entre la Iglesia y el Estado. - Desde el
punto de vista cristiano (divino-humano) son necesarias por igual la
actividad autónoma del hombre y su total entrega a la divinidad; y la
coincidencia de las dos posiciones es posible sólo mediante una clara
diferenciación de los dos ámbitos de la vida (religioso y político) y de
sus dos motivos inmediatos (la piedad y la compasión), de modo co­
rrespondiente a la diferenciación de los objetos próximos de la acción,
si bien el fin último de ambos es uno. - Consecuencias perniciosas del
aislamiento de la Iglesia y el Estado, así como de la mutua usurpación

588

Page 587

Conclusión

de funciones. - La norma cristiana del progreso social consiste en que el
Estado restrinja lo menos posible el mundo interior y moral del hombre,
otorgándoselo a la acción libre y espiritual de la Iglesia, al tiempo que
asegure del modo más seguro y amplio posible las condiciones externas
para la digna existencia y el perfeccionamiento de las personas.

XVIII. - La tarea moral propia de la vida económica es la modera­
ción colectiva y organizada de la desmesura camal malvada, con el fin
de transformar la naturaleza material -individual y universal- en una
forma libre del espíritu humano. - La enajenación de hecho de la vida
económica de esta tarea y explicación histórica de la misma.

XIX. - Sentido moral de la conservación de la energía. - La raciona­
lidad de la templanza organizada colectivamente depende de los logros
de la compasión y la piedad organizadas colectivamente. - Unidad de
las tres tareas.

XX. - Representantes personales de la organización moral de la hu­
manidad. - Tres servicios supremos: sacerdotal, real y profético. - Sus
rasgos diferenciadores y su mutua dependencia.

CONCLUSIÓN
E l sentido m oral d e la v id a en su definición definitiva

Y TRANSICIÓN a la filosofía teórica

589

Similer Documents