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TagsGeorg Wilhelm Friedrich Hegel Philosophical Theories Philosophical Movements Philosophical Science
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Page 1

G. W. F. HEGEL

ESCRITOS
DE

JUVENTUD
Edición,

introducción y notas
de

JOSE M. RIPALDA

FONDO DE CULTURA ECONOMICA
MEXICO-MADRID-BUENOS AIRES

Page 220

222 FRANKFURT

sobre todo, los castigos que esas leyes establecen para los transgreso­
res prueban que había muchos elementos en el espíritu de su pueblo
que se oponían a la totalidad. Moisés pretendía dominar esta oposi­
ción por la violencia, transformarla en costumbres distintas. Sin em­
bargo, el ánimo cambiante seguía siendo la característica de los ju­
díos; se volvieron, siempre de nuevo, infieles a su Estado y solamente
la necesidad los conducía otra vez a su aceptación. El individuo par­
ticular estaba totalmen te excluido del in terés activo por el Estado; su
igualdad política, en cuanto ciudadanos, era lo contrario de la igual­
dad republicana: era meramente la igualdad de la insignificancia:'"

Bajo los reyes y con la desigualdad que debía producirse con el
advenimiento de éstos, se formó en tre una multitud de subordinados
una relación con este Estado; para muchos [esto sign ificó] una posi­
ción de importancia frente a aquellos que estaban en una posición
inferior y para otros (numerosos también) la posibilidad por lo menos
de alcanzar tal posición [de superioridad] .

Solamente en épocas posteriores, cuando sus señores o sus enemi­
gos ya no mostraban indiferencia frente a su fe (fe que este pueblo
abandonaba tan gustosamen te hasta que se opuso resistencia contra
ella ) , adoptó una pequeña parte del pueblo aquel fanatismo intransi­
gente que la caracterizó más adelante. Sin embargo, tampoco esta
parte del pueblo pudo llegar jamás a cons tituirse en un Todo. La
época de la fantasía, de las teofanías y de los profetas hacía tiempo ya
que había pasado y la nación se encontraba en distin tos niveles de la
reflexión. Hubo todavía algunos momentos en que la actividad se
dirigió hacia afuera para mantener la existencia independiente del
Estado. Sin embargo, cuando éste quedó destruido total y defin itiva­
mente, la energía se dirigió hacia adentro, sobre si mismo. Esta acti­
vidad dentro del hombre y dirigida sobre sí mismo, esta vida interior
que no posee -tal como el interés de un gran ciudadano-- su objeto
fuera de sí mismo y que no puede -como aquél- señalar y represen­
tar a la vez a este objeto, se exterioriza por intermedio de signos, y el
intento de alcanzar lo viviente por el intermedio de éstos -a través
de estos signos-, de crear lo viviente bajo su conducción, fracasa en
la mayoría de los casos. Y es esta variedad de lo muerto lo que más
indigna, pues señala directamente lo viviente, siendo precisamente su
contrario. +

En una época en que a quien anhelaba la vida in terior (con los
objetos en su rededor no puede unirse; para ello tendría que ser su
esclavo y vivir en contradicción con su parte mejor; los objetos lo
tratan con hostilidad y él los trata de la misma manera) , a quien
buscaba algo más noble den tro de lo cual le fuera posible vivir, se le
ofrecía lo muerto, frío y privilegiado, diciéndole al mismo tiempo que
esto era vida; en tal época los esenios, un juan, un jesús, crearon vida
en sí mismos levan tándose en lucha contra lo e ternamente muerto.

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ESPIRITU DEL J UDA!SMO (ESBOZOS) 223

2 2

Por este diluvio los hombres, aparentemente, perdieron su fe en la
naturaleza * . Sólo ahora se la opusieron a s í mismos como un ser hostil
contra el cual movilizaron sus fuerzas. Y este apartarse de la natura­
leza (de cualquier forma que se produzca, en tre los antiguos germa­
nos probablemente a través del encuentro con los productos de un
clima más benigno) trae consigo, necesariamente, el origen del Esta­
do, etc.

El hecho de que Isaac no pudo ya retirar la bendición dada a
J acob ni siquiera al ver que había sido engañado indica el respeto
ante lo subjetivo, su enaltecimiento; un sueño, una visión, se puede
considerar como algo dado desde fuera; una bendición, sin embargo,
va necesariamente acompañada en todas partes por la conciencia de
que ha sido producida por uno mismo. Es verdad que se puede pen­
sar en una bendición --que un padre o torga a un hijo suyo que ha
merecido su amor- que vaya acompañada por la suerte y la prospe­
ridad, como se puede pensar en una maldición acompañada de lo
contrario (siempre que no se quisiera considerar [el bienestar, etc . ]
como efectos propiamente dichos ) . Pero ¡cuán sagrada debía ser una
bendición para que no pudiera ser retirada ni siquiera después de ha­
ber reconocido el error! ¡Cuán proDunda tenía que ser la fe en el do­
minio sobre la naturaleza de un [momen to) subjetivo ! Este aparece
aquí con la dignidad que tiene una sentencia o un acto de la divinidad
en la fe de un pueblo y con el mismo carácter irrevocable 3 .

Abraham, nacido en Caldea, abandonó con su padre y con su
familia su patria y vivió un tiempo en l as llanuras de Mesopotamia;
[ pero) abandonó también éstas, viviendo por lo general -sin tener
morada fij a- en Canaán.+

2 Primavera 1 797. Nohl 368. Al comienzo del esbozo Nohl ha omitido un texto
que comenta Hegel, dejando sólo su referencia: «josefo, Antigüedades J udías, libro I,
cap. 4.»

3 Nohl ha omitido el resto del párrafo con la s iguiente nota: «Lo que sigue sobre
Abraham lo he tachado por reiterativo. La única frase in teresante es: 'El espíritu de los
griegos es belleza; el de los orientales, sublimidad y grandeza.'»

4 Primavera 1 797. Nohl 368-370.
* - por una parte, Nimrod.

- por otra, Noé, que ahora se puso a matar animales y los recibía de Dios en
propiedad.

- sólo respetar la sangre, porque en ella reside la vida.

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